Loco camarada de la soledad, que busca lo inexistente desvelando verdades jamás escritas ni escuchadas.

El humilde rincón de un mago inmortal; sendero tras sendero, buscando la chispa que despierta y mata a la vida.

Esas rosas rojas


Que fácil es ver los bancos que recorren una calle vacía,pero que difícil es contemplar y observar a los solitarios asientos,ahogándose en un estrecho,silencioso y sepulcral paseo de medianoche,en una ciudad cualquiera. La casa de Sonia había quedado atrás,desde fuera vacía y llena de quietud,punteada por algún que otro foco de luz dorada. Pero yo sabía que no era así,estaba repleta de ausencias y presencias,en la mente y en el salón,llorando de tristeza y de alegría. Sonia estaba allí dentro,pero no se si tenía de compañía la felicidad u otro amante silencioso y peligroso.
Seguí caminando,dejé atrás los alargados bancos de madera,húmedos por las lluvias de la tarde y bañados de una densa y suave luz,proveniente de las farolas que custodiaban a los solitarios caminantes como yo,y me dirigí hacia un lugar que no sabía ni su ubicación ni su nombre. Sólo sé que soy consciente del concepto al que mi mente había centrado su atención. Dejé atrás la casa de Sonia,si,pero no pude desprenderme de lo que en su interior guardaba.
No era por la falta de luz que estos centinelas nocturnos me ofrecían,ni porque su casa tuviera dos o tres pisos,ahogados en bañeras de agua llenas de oro;no. Tampoco era por las ausencias y presencias que en el edificio habitaban;era el dolor que se enterraba en todos los rincones y esquinas de todos los tablones de aquel lugar. Y Sonia lo absorbía día a día.
Como sí desayunaras clavos salteados en su propio óxido junto con un revuelto de cáscaras de pipas. Si,parece que vuestro estómago se a quejado de una manera desagradable,pero imaginároslo;eso todos los días. Lo peor de todo,es que ella tiene una increíble capacidad de disfrazar ese montón férrico en una montaña de dulces y coloridos dulces y no le gusta que nadie comparta su manjar,como un niño de cinco años protegiendo su algodón de azúcar.
Mis pies guían al resto de mi cuerpo,por el paseo de los tristes en un parque que ni su nombre se ni su final tampoco. Mis ojos se dirigen al frente,al final eterno cubierto de una miasma de agua condensada,revoloteando alrededor de mi,de los solitarios bancos y de las firmes farolas.
El camino atraviesa un tramo de pequeños y no muy frondosos árboles y las farolas, agónicas intentando alumbrar el interior de aquel pequeño e improvisado bosque de ciudad,disparan sus haces de luz por entré las ramas y hojas perennes de estos. A parte de los escasos gritos de luz,todo esta sumido en una suave oscuridad,protegido por un techo de madera y cubierto de una calma tentadora hasta para un colibrí. Unas gruesas raíces escapan de la tierra alfombrada de resecas y caídas hojas,en la que antes estaban enterradas y se alzan al aire,hacia el cielo,como sí creyeran que la tierra estuviera en el firmamento estrellado. Buscan con desesperación algo que agarre y sostenga su vida,pero en el lugar equivocado.
Al de pocos minutos,el camino vuelve a lanzarse al desesperado aire libre y da pasó a un tramo lleno de rosas,rojas como los labios recién pintados de Sonia. Me gustan y arranco una,con suavidad y pidiéndole perdón al pobre rosal. La impotencia embarga el ánimo de la planta,pues he aprendido a evitar las rencorosas espinas que cubren su cuerpo de jade.Me la llevo a la nariz y siento como toda su esencia entra e inunda todo mi ser y entonces es cuando me doy cuenta de lo que vale una rosa roja.
El amor es una de las armas más poderosas que nuestra mente puede manejar. Si le das el poder del amor a algo que tú estés dispuesto a sufrir y disfrutar le das un inmenso poder sobre ti. Ese concepto al que ahora amas es el rey de tu reino y tu sólo eres el mozo de cuadras que guía a los fatigados caballos reales a sus sucios(pero reales)establos.
Pero como en pocos cuentos suele ocurrir,una tarde calurosa de invierno la reina se acerca paseando sola y angustiada por el hogar de los caballos y se encuentra contigo,con el mozo de cuadras de pelo enmarañado y piel oscura por la mierda que lo rodea. Se encuentra con el mozo que antes era rey. No rey de ella,pero si de su reino,de su vida que es su mundo y a su vez ese mundo su reino es. Y entonces,por circunstancias que ni el arte místico ni la ciencia pueden decir cuales son,tu haces sentir a la mujer que tienes delante lo que antes fuiste y lo que llegarías a ser. Desvías cuidadosamente tu mirada y te fijas que tras los ojos de tu reina un pequeño rosal está comenzando a brotar,en una esquina que la humanidad cruelmente ignoraría.
Te acercas a la planta y pidiendo disculpas le robas una de las escasas rosas que sostiene en alto,orgullosa de haberlas creado. Se la entregas a esa mujer y todo tu mundo se colapsa en una explosión cegadora. Pero lleno de una radiante e inspiradora luz que tiñe tu vida del color que tu elijas.
El camino escoltado por rosas sigue su serpenteante dirección ,seguramente para algún otro caminante solitario como yo,pero mi rumbo a cambiado y me doy la vuelta. Mis zapatos deberían soportar un poco de ejercicio y si no,tampoco me importa. Corro a la velocidad que mis piernas me permiten y atravesando el pequeño y tranquilo bosque de ciudad,me doy cuenta pero sin ponerle demasiada atención,que las ramas de rumbo equivocado habían bajado a tierra y se habían resguardado en su interior. Sigo corriendo,con la rosa y sus espinas clavadas en mi sudorosa mano y esquivando los solitarios bancos,llegó a mi destino.
Es la casa de Sonia y no hay luz,excepto por la de la puerta principal. Me dirijo hacia allí y justo en el último instante oigo ruidos detrás de ella. Retrocedo y me resguardo entre las sombras que proyectan las farolas en las casas.La puerta se abre y de ella dos personas aparecen. Una es Sonia y… Y la otra persona no se quien es. El rostro de ella parece radiante de felicidad y entre sus manos sostiene con fuerza una rosa roja.
Y,con el rostro de piedra y el alma gélida,me doy cuenta de que no eran las raíces las que tenían por erróneo el rumbo en su vida,sino yo. El paseo de las rosas seguía para mi,no había terminado. Así qué,me di la vuelta,sin importarme los labios que rozarían y acariciarían la boca de Sonia y puse rumbo hacia el parque que ni su nombre me sé ni tampoco su ubicación.
Finalmente,cuando llego al sendero cubierto de rosales,decido compartir esto con el mundo. Puede pasarle a cualquiera,creer que el camino que sigues es el tuyo y después darte cuenta de que no. Así qué,me agacho y planto en la húmeda tierra la rosa que en mis manos la esperanza había abrazado. Alguien en un tiempo no muy lejano necesitará otra rosa como estás para despertar y aprender una de las muchas lecciones que da la vida.

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