Loco camarada de la soledad, que busca lo inexistente desvelando verdades jamás escritas ni escuchadas.

El humilde rincón de un mago inmortal; sendero tras sendero, buscando la chispa que despierta y mata a la vida.

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Lluvia triste como el alma que la soporta. Cae en cortinas intermitentes y ciega los ojos del hombre que camina. Que se arrastra por querer caminar, obligado a avanzar ya que si no lo hace, la cuneta será su siguiente retiro.
El terreno es resbaladizo, como el turbio aliento de la mente al despuntar el sol y la nieve salpica todo el paisaje. Lo convierte en algo amargo ya que la pureza intensifica lo sucio. Los árboles escoltan al cuerpo desinflado y frágil, que se retuerce entre la muerte y la eterna tortura de vivir arrastrándose. Las ramas de los centinelas, en posturas tortuosas ante su desnudez estacional, le arrancan lágrimas, agotando poco a poco el agua que guarda su piel con desesperación, ya que estas le recuerdan a sus últimos años de prisión.
Sin aliento, arrancado de su pequeño jardín de felicidad, en tormentas de violencia y muerte. La libertad es pura bazofia para dicho prisionero incluso antes de que las cadenas arremetieran contra él y oprimieran cuerpo y mente.
Sus pasos se detienen. El hielo abraza cruelmente los tobillos y amenaza con ascender hasta los pulmones, entre caricias ardientes y tentadoras. Siente el impulso de llorar, pero no le ve sentido. ¿Para qué? El ser humano llora cuando es libre, no para intentar serlo. Y él no es libre.
Un brazo con agujas como dedos lo aferra del hombro y empuja hacia un lado. Cae de rodillas. La gélida tierra parece compadecerse de su dolor, pero se sorprende ante la ausencia del miedo. Un chasquido metálico.
El silencio se arremolina alrededor de su existencia. Ni siquiera puede escuchar el latido de su corazón. Ni siquiera eso. No quiere gritar. ¿Para qué? ¿Por qué? Las almas gritan para luchar, arrebatar y llorar. Pero él no llora; él no es libre.
La Parabellum Luger P08 tiene un mecanismo tan traidor como compasivo. Antes suena la bala que el gatillo.

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