Tú. Solo tú y nadie más. Aquí en este eterno paseo de hojas resecas, viejas ya. Su caricia entre los adoquines,bailando al son del viento y al ritmo de nuestro paso. Los árboles nos aguardan, nos contemplan y sonríen. ¿Quiénes somos? Nadie lo sabe. Pero sólo sé que tú y yo somos nosotros.
Humildes bancos vacíos que ven al mundo pasear, pasar. Aparecer y esfumarse al instante. La tristeza los llena ya que están vacíos de presencias.
El dulce rumor de la nieve ha llegado ya, la hojarasca ha desaparecido sepultada en blanco, en paz. Al de un tiempo, ya no será lo que es, la nieve se derretirá y allí, donde se ocultaban las hojas secas del otoño, no habrá nada.
Pero nuestros pasos siguen recorriendo este sendero eterno. Ayer había flores, hoy hojas muertas, mañana todo estará sepultado, estampado en blanco. Y algún día, de nuevo romperán el hielo brotes nuevos. Almas nuevas que vivirán para volver a morir, mientras nosotros seguimos caminando.
Pero el eco de nuestras pisadas nunca terminará, resistirá hasta que el amanecer no quiera salir de nuevo. Y los árboles nos regalarán más hojas muertas, más verdes brotes y mayores y espectaculares paisajes dormidos, arropados en mantos blancos.
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