Loco camarada de la soledad, que busca lo inexistente desvelando verdades jamás escritas ni escuchadas.

El humilde rincón de un mago inmortal; sendero tras sendero, buscando la chispa que despierta y mata a la vida.

El Teatro de las Tormentas


El fuego lamía los curtidos y oscuros dedos de Alfred. Su camisa,ya destrozada,rasgada,colgaba a jirones desperfectos con alma independiente por su pecho y brazos. El poco pelo que le quedaba en los antebrazos posaba en una postura agónica e irreal. Parecían enfermos del vientre,retorcidos sobre sí mismos,pidiendo un poco de clemencia pero a su vez arraigados lo más firme posible a la vida. Sus ojos, del color del cielo en depresión, de un tono plomizo,observaban fijamente a las ígneas bailarinas,en sus pasos delicados pero sensuales, mientras que su pecho se hinchaba y deshinchaba con un ritmo suave y monótono.
Se levantó suavemente,mientras notaba como todos los huesos de su cuerpo creaban una sinfonía nunca escuchada en su mente. El maestro de aquella obra era el peroné de la pierna izquierda,que con su entusiasmo y frenético manejo del pregón ,había salido de la misma carne que lo resguardaba. Un gran inconveniente,pues de aquella cortina cual telón de teatro,no paraban de salir actores vestidos de rojo,con determinación y rapidez.
Llamo a las bailarinas y las lanzo al escenario,donde con calma y elegancia hacían retroceder a los veloces Rojos,que se apilaban unos junto a otros y así formar una barrera. La belleza de estas almas danzantes era tan peligrosamente extrema que la voluntad de cualquier hostelero de la vida se hubiera sumido en la más profunda decadencia que pueda existir.
Una vez solucionado el mayor de los problemas de momento vistos,se irguió como pudo y dirigió sus ojos hacia lo que le rodeaba. Era tal la destrucción que las bailarinas tuvieron que parar la función y echarse a llorar.
Con una elegante torpeza,se dirigieron al palco,con la esperanza de poder ver con mayor claridad la obra que apunto estaba por comenzar. Protegidas,en el interior del palco,bajo el cálido temple de un corazón marchito por el tiempo,pero vivo como el primer día. Allí esperaron,agarradas las unas a las otras,balanceando sus livianos cuerpos en un acompañamiento al de la respiración del mismo edificio del teatro.
La función prosiguió con un desfile ondulado,constante y apasionado formado por nadadoras,vestidas de un tono azul celeste y repletas de espinas tan brillantes como el estertor de una escultura de hielo ante la dura mirada del sol. En sus brazos sostenían un objeto diferente;no tenían una forma concreta,sino más bien,cada uno era un sinfín de aullidos,gemidos,llantos y cantos de dolor. Ellas los abrazaban,los acunaban y los besaban,aumentando la intensidad de cada uno de ellos,por cada gesto de calidez. Parecía cómo sí cada nadadora tenía que darle todo su amor a aquella extraña,misteriosa y no por ello poco aborrecible representación del dolor. Era algo verdaderamente angustioso y el público poco tardo en sumirse en un sufrimiento parecido al de ellas.
Al fin,salieron del escenario rematando la función con una única,fija y penetrante mirada a los espectadores. Era tal la súplica de valor que pedían que varios individuos del público no pudieron evitar llorar. Una mirada desoladora. Una lágrima escuece cuando sus espinas se aferran a nuestra piel;una lágrima duele cuando se abre camino entre los tablones del escenario;una lágrima alivia cuando lo ha dejado y con ella todo mal sé a llevado.
Después de esta impactante actuación,el aliento entro con fuerza al lugar y con la misma energía huyó;así varias veces,hasta que todo se calmó de repente.
Lo que los grises ojos de Alfred contemplaban,era una basta explanada,de un marrón enfermizo,humeante y salpicada de ruinas de algo que podrían haber sido casas en un tiempo atrás. Las firmes e hirientes venas de dolor,de un verde radioactivo, lo cubrían todo,y a su paso solo dejaban una negrura fría y aterradora.
La vista de Alfred siguió surcando ese mundo sin vida hasta que una pequeña depresión en la monotonía del paisaje llamo su atención.
Allí,los ríos de dolor se amontonaban hasta crear una basta estructura que rivalizaba con la misma muerte en aspecto,una figura enredada en sí,rebosante de amargura,sufrimiento,terror,pérdida y olvido. Lo que parecía ser un rostro lleno de verdes venas se inclinaba estirando un brazo lleno de ambición,miedo y cólera,hacia abajo,como si un dios quisiera coger entre sus dedos a un insignificante mosquito.
Pero Alfred no veía nada raro desde donde se encontraba. Se acerco cojeando,pues aún le dolía la pierna,y se situó a unos metros del espectáculo. Verdaderamente,era una obra de arte lo que tenía enfrente,majestuosa e imponente. No tardo en darse cuenta de que era la misma muerte la que allí,con frustración,estiraba un brazo ,queriendo alcanzar algo que los ojos de Alfred no conseguían ver. Le recordó a un anciano con mala espalda intentando recoger su bastón que dormita bajo sus pies. Esto le provoco una risa suelta,alegre y libre.
Entonces,el enmarañado rostro de jade se giró para mirarle,sin dejar de estirar el brazo,y su cuerpo se ilumino levemente.
Era un rostro difícil de mirar,tanto por su belleza como por su expresión de eterna angustia. Una pequeña boca se formó para liberar un quejido apenas audible:
-Joven y amado viviente,¿serás tan amable de ayudarme?
-¿Qué es lo que necesita anciano?-la voz de Alfred intento sonar lo más segura posible,pues,¿quién puede ayudar a alguien si no puede ayudarse a sí mismo?
-Acércate pequeño y dime tu nombre.
-Alfred,y me acercare lo que yo vea adecuado.
Se acercó hasta situarse a dos pasos de la encorvada figura. Estiro el cuello y lo inclino para poder ver lo que tanta guerra le estaba causando al ser.
Más nadadoras irrumpieron en el escenario;corrían veloces y no iban a un ritmo coordinado como antes. Esta vez,cada una bailaba al son de su propia música,de su canto de alegría. Entraban y salían miles y miles de ellas,sin perder ni un sólo segundo;saltaban,lloraban y gritaban mientras unas celestiales risas impregnaban el ambiente. Había algunas que incluso volaban.
El verde y estilizado brazo de la Muerte dirigía su atención a algo apenas perceptible.
Era un pequeño brote de una desconocida planta,seguramente común,de esas que crecen a la sombra de una escalera.Esta, luchaba sin flaqueza contra la opresora mano de la parca,que por mucho que se inclinara no lograba ganarle terreno a su contendiente terrenal.
-¿Por qué?
La verde muerte se detuvo un momento,sin dejar de oprimir y le dedicó un suspiro largó y angustioso a Alfred.
-Que¿por qué? Sabes de sobra quien soy y de que vivo yo. Necesito su alma.
-¿Vivir? Seguramente será la última alma que veas jamás,y con ella dejarás tu también de vivir,Muerte. Es lamentable ver arrastrarse al único dios fiable de este mundo,por conseguir una dosis más de placer. Tu no has causado todo esto,lo fuimos los humanos,pero creo que ya tomaste las debidas represalias;adecuadas o no,no lo se. Es un tema para debatir con un café en mano.
-Tu especie ha causado esto,si,todo esto y pagara eternamente por sus actos. Pero hay algo que me deja incompleto y creo que ya se qué es. Es esa rebosante cantidad de indiferencia que me dieron los humanos,antes de arrebatarles la vida,esa actitud despreciable me corrompió.Me duele y me hace necesitar más vida de la que puedo encontrar.
-Ella está luchando por su vida. Déjala vivir.
-¡No puedo! Voy a morir…
-¿Te das cuenta que estás temiendo por tu propia vida? La misma Muerte
teme morir…
El centelleante verdor del cuerpo de la parca adquirió más intensidad rápidamente y Alfred tuvo que achinar los ojos,para evitar que le cegará la luz.
-Yo no temo a nada ni a nadie.-del verde pasaba al anaranjado poco a poco,con objetivo el rojo.-¡no temo a nadie!
De repente pareció que la defensa de la diminuta planta se había fracturado,pues esta comenzó a doblarse para sus adentros,lentamente.
-No temes a nadie,pero tienes miedo de morir,¿no es así? Creo qué tu también muestras síntomas muy frecuentes en los humanos;la ignorancia,la ceguera moral,la ambición….-la voz de Alfred se cimentó más en su ser,cogiendo fuerza y seguridad poco a poco.- y eso es normal. Sí quieres combatir contra ello,la aniquilación global no es la solución. Aprende a vivir con ese peso,la carga por muy pesada que sea fortalecerá tu espalda y eso potenciara tu voluntad.
-Tengo miedo,mi compañero Alfred. Estoy asustado.-el color de su cuerpo volvió a la normalidad,de un palpitante verdor.-Lo que veo ante mis ancestrales ojos no es aniquilación,ni tampoco vida,sino un mar de sangre coagulada por el paso del tiempo;de un tiempo vacío. Durante eones me he ido haciendo un hueco en lo que pronto sería la vida,he planeado lo que haría con ella. Estaba tan contento como una pareja buscando su futuro hogar. Era feliz y tenía una gran esperanza y seguridad en mis manos. Las manos que tantas vidas han arrebatado para luego,de ellas,crear más y más. Era el ciclo perfecto. Yo los hacia sentir y ellos,en su final me agradecían aquel regalo. Si, a veces ha sido muy duro,llevarme vidas de tantos seres que ni se dieron cuenta del papel que cumplían aquí,pero ese era un sacrificio que debía hacer para evitar el desequilibrio en este ciclo. Es el haro del Yo lo que creé. Y ahora esta destrozado y podrido.
La pequeña planta cada vez estaba más achaparrada y la ribeteada mano mortal se iba abriendo pasó poco a poco.
-N-no no lo hagas.-Alfred no sabía que decir. Estaba sin palabras,la frustración e impotencia estaban creciendo y enraizando tan firmemente en su ser que apenas podía abrir la boca.
Las bailarinas,que lo estaban viendo todo permanecían inmóviles. Sus lenguas de fuego estaban en el límite de la extinción y nadie hacia nada. De repente una de ellas se apagó y se desintegró. No produjo ningún sonido,sólo añadió una brisa más de silencio. Al de pocos segundos la siguiente hizo lo mismo y no tardó mucho más en que la tercera muriese. Las demás,temblorosas se empezaron a levantar y se juntaron para mantener el poco calor que les quedaba. No funcionó;cayo otra.
-Por favor, comprende lo que tienes delante de esos ancianos ojos. ¿Quieres enterrar por completo lo que creaste? Sí matas a ese Yo,ya no habrá nada más por lo que luchar,nada más por lo que vivir. No podrás ni dar ni quitar,ya no serás lo que eres y así,tampoco serás lo que representas.Por favor…
Ya sólo quedaban media docena de bailarinas y las llamas que las rodeaban apenas podrían haber encendido una hoja seca del verano,antes de la húmeda llegada del otoño. Una de ellas,entonces,levanto la mirada. Ninguna había despegado los centelleantes ojos de la otra,por miedo a no ver ni sentir más un fuego hermano. Esta asustada y desesperada llama,observo lo que tenían delante;desde que la primera de ellas había caído habían dejado de ver lo que ocurría fuera. Entonces,pensó.
Alfred cerró los ojos escondiéndose en lo más ondo de sí mismo,agarrando con fuerza la cola de la esperanza,luchando por que no escapara. Sintió las pulsaciones de su corazón,débiles pero constantes.
Aparte de los miedos y alegrías que había sentido la bailarina en toda su vida,la mera y horrorosa conciencia de la inminente extinción le fue suficiente como para calmar todo su ser. Cerró sus pequeñas perlas como rubíes y pensó.
Al momento, su cuerpo se apagó y se quedo del color de una ascua olvidada a la mañana siguiente de una hoguera. Pero no se esfumó,se mantuvo quieta en silencio y con la mirada fija,sin ver,en el exterior. Sus hermanas se asustaron y se apartaron de ella,con la carga de otra alma más al vacío. La estatua de ónice mantuvo la calma y sintió y escucho como su pequeño corazón se alzaba ante todos los demás sonidos. El ritmo iba aumentando poco a poco,hasta que era tal el pulso que estremecía todo su cuerpo.
El público estaba en un silencio sepulcral. Arriesgo a decir que nadie respiraba y alguno ya tendría que estar poniéndose morado. Ni un movimiento,todas las miradas clavadas en la escena del palco,fuera del escenario. Fuera,donde ellos también estaban.
Entonces una pequeña niña,de unos diez años,se levantó del sillón y miro hacia las agonizantes llamas. Y pensó. Era una escena fuera de la obra,era un acto que les pertenecía a ellos también. Ellos eran los actores,los personajes. Estaban en un nuevo escenario.
La niña habló:
-Despertar y observar.Pensar,analizar y actuar.Sentir y ver.Escuchar y sentir.Llorar y sentir.Levantaos y vivid.
La pequeña estallo en una repentina tormenta de fuego verde que inundo toda la sala y en lo que se tarda en pestañear,desapareció. La mujer que estaba sentada a su lado,se miró las manos,miro donde antes había estado su hija y finalmente fijó sus ojos en las bailarinas,que también la estaban mirando. La primera de ellas,seguía negra e inmóvil como una estatua.
La mujer miro por última vez a su amado,sentado a su lado,mirándola y asintiendo. Había comenzado el momento de la comprensión. Los dos se fundieron en una ola abrasadora de jade. Esto provoco otras muchas más llamaradas,una reacción en cadena. Por cada tormenta verde que bramaba,el teatro se iba calentando más y más y las primeras llamas habían empezado a devorar parte del entablado. El ambiente se estaba calentando.
Entonces,la apagada pero no caída llama abrió los ojos. En ellos rugía una tempestad abrumadora que ahogaría cualquier otro fenómeno natural. Su cuerpo empezó a crujir y lo que antes era negro,se estaba convirtiendo en un rojo candente. Alzó los brazos,liberandose de la capa quemada que la aprisionaba y miro a sus atónitas hermanas.
-El día de la comprensión ha llegado. Abrazadme y seremos una.
Sin pensárselo hicieron lo dicho,abalanzándose hacia la resurgida bailarina,mientras lanzaban un grito de rabia contenida. Eran el miedo y la impotencia que habían amenazado a las llamas desde que cayo la primera. Ahora era fuerza. Eran fuerza.
Un fogonazo inundo todos las esquinas del teatro y lo desintegro por completo.
-Debo hacerlo Alfred. Es el destino,erré y tengo que pagar por ello. Ahora lo entiendo,no fuisteis vosotros los humanos quiénes cometisteis el error. Fui yo quién fracasé;no observe lo que ocurría,sólo me importaba el matar y vivir y no me pare a observar cómo vuestro núcleo y columna central se estaba desmoronando. Estabais perdiendo la felicidad,y con ella estabais matando el planeta. Yo debí evitarlo y así detener esta condena global. Pero no fui capaz.-los ojos de la muerte se posaron de nuevo en la ya agonizante planta y sonrió amargamente.- Ahora lo entiendo,¿tu lo entiendes Alfred?
Un intenso fuego se apoderó de Alfred,todo su interior estaba en llamas y la pierna ya no le dolía. Parecía cómo sí en su alma albergarán miles de vidas,cada una fundida junto a otra,para avivar una tormenta que iba en aumento.”Un digno sacrificio” pensó para sí y miro a la muerte a los ojos.
-¿Yo? Si, lo he entendido,pero tu no.
Se lanzó velozmente hacia la planta y cerró los ojos. Su cuerpo desapareció y con él,todo rastro de su existencia. La muerte,sin saber exactamente lo ocurrido volvió de nuevo la mirada al brote y presionó. La tierra se combó y se partió en mil pedazos. Un crujido horrible se expandió por todas partes y el frágil cuerpo enredado se cayó al suelo.
De las fisuras producidas en el suelo,empezaron a brotar miles y miles de plantas,a una velocidad descomunal. La vanguardia del ejército la componían unas enredaderas que rápidamente envolvieron el cuerpo de la muerte. Las plantas se expandían más y más y parecía que no tenían intención de parar.
-Ahora lo entiendo.-dijo la muerte,que apenas podía seguir conteniendo las lágrimas en sus ojos.
Su marchito cuerpo se fundió con las ramas que lo rodeaban y de ahí creció un pequeño roble.
-Gracias Alfred.


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